miércoles, 17 de agosto de 2022

Un trocito de otoño...

 Un trocito de otoño...


Después que el sofocante calor durante las últimas semanas me haya sorprendido con el comienzo de estos frescos con esas nubes que adoptan formas y colores insospechados dentro del tablero en el horizonte, allí se colocan de un modo desordenado logrando armonizar con el resto de la Creación, encajando perfectamente con el engranaje que sustenta la vida.


Cada una de ellas, acepta ser y estar en ese espacio que por derecho le corresponde, en el que sólo caben ellas, sin codiciar el lugar de la otra.


He visto también a la amplia arboleda de ciruelos rojos que danzan a tenor de los aires, frente al porche de nuestra blanca cabañita; el viento les ha arrancado suspiros, parece que este extraño y entrometido tiempo otoñal dentro de un caluroso verano aún sin acabar las vuelve melancólicas. Hace mucho tiempo ya he comprobado que existen árboles que hasta desnudos se exhiben con gallardía; otros, en cambio, pareciera que temen mostrar sus vergüenzas y en vez de embellecerse con el colorido que regala la estación, se esconden para que no se vislumbren sus flaquezas, aunque uno a poco que sepa mirar les descubra enseguida los disfraces, en eso ostentan cierta similitud con los humanos. 


Pero así transcurre una jornada más de intenso trabajo, de acabados que por momentos parecen inacabables en la que me encuentro a gusto con esta compañía que me brinda una soledad fundida con tranquilidad y distracción , con este vivir a solas con uno mismo, únicamente acompañado por el alma y por la infinitud. 


Pero a medida que avanza la jornada este fresquito otoñal va cobrando protagonismo y a pesar de su intrusismo un tanto inadecuado por supuesto, no le temo.


Luego ya bien llegada la tardecita me siento en una de las cuatro sillas que circunda la mesa de bambú que se encuentra bajo el porche donde dejo descansar el transparente vidrio de una copa con ron, hielo y coca cola como colofón a una intensa jornada laboriosa para que de alguna manera den a mis articulaciones una tregua y se relajen.


Bueno en cierto modo estoy deseando que el invierno haga acto de presencia para tener la oportunidad de encender la barbacoa que construí, siempre me ha gustado este tiempito de esparcimiento con olor a fogata, esa humareda que brota de algunas carnes a cuenta de la lombarda chamuscada que la grasa que desprende sobre la leña.

Me gusta ese aroma de asadero o barbacoa cuando el termómetro apenas marca pocos grados. De esta manera lograré domeñar al frío, pese a las heladas y nieblas que comenzaran a pasearse. Espero tener un invierno apacible, aunque también barajo la posibilidad de refugiarme por días muy fríos en otras latitudes más cálidas para evitarle a mis articulaciones cargas innecesarias. De momento, aquí estoy y estaré por decisión propia y dispuesto a asumir las consecuencias que esta vida que he elegido me depare en mi cercana jubilación. Unas, claro, gustarán más que otras.

sábado, 6 de agosto de 2022

Consejos gratuitos.....



Con el tiempo y los años he aprendido que erigirme en juez de lo ajeno, es muy arriesgado, pues nuestras infracciones se van pesar seguramente en la misma balanza en las que calibramos las del prójimo.


De ahí la importancia de la benevolencia, de no emplear la justicia para nuestros fines, si no más bien tratar de ejercitar el empatizamiento. No obstante y siendo honesto, en muchísimas ocasiones y de forma semi inconsciente me sorprendo evaluando y dictaminando situaciones con cierta mesura, aunque cierto es que trato de rectificar según me percato para no caer en ese "error" por llamarlo de alguna manera. Porque sabido es que es muy importante recordar que el mal sólo nos engendra mal lo mires como lo mires.


La prudencia y la paciencia son, según mi experiencia, en estos casos, las mejores consejeras: huyen de estruendos y algarabías y se atienen al bien, aun en las circunstancias más aciagas, aun cuando las injusticias arremetan contra uno sin piedad.


Rehuyo, por ello de bullangueros y fragorosos expertos en sembrar males y discordias, que encuentras en cualquier lado, sobre todo en las algarabías que erupcionan tras unas cuantas copas en las barras de los consabidos bares. Sin esas, que yo llamo diabluras del ser humano, el mundo sería un lugar más bello y armonioso.


Sólo aquellos que considero amigos, un par de ellos a lo sumo, escuchan sin juzgar y sin dar consejos si no son requeridos. Esa manía de la gente de ir regalando soluciones que ya uno no ha pedido me saca de quicio; las recomendaciones y supuestas soluciones pueden estropear un bonito momento o el equilibrio labrado a lo largo de una charla amena. 


Sé que a veces esos consejeros vienen cargados de buenas intenciones, pero detesto propósitos que no hacen sino crisparme y dificultarme aún más el momento y son justo en instante que detesto también las buenas intenciones. 


Esas respuestas no requeridas desvelan, por otra parte, información preciosa sobre cómo otros afrontan la adversidad; lo hacen con herramientas muy oxidadas por negligencia o desuso, pues muy poco sabemos de nosotros mismos.


Ponemos demasiado énfasis en resolver problemas ajenos, mientras dejamos que los propios se solucionen por sí mismos, sin mover un dedo, creyendo que el paso de tiempo obrará el milagro y lo dice alguien que cree en los milagros a pies juntillas, porque todo me lo pueden arrebatar, excepto la fe y la confianza en mí mismo.


Esos comentarios, en apariencia cabales, dinamitan esa esperanza a la que me aferro y que cuesta reconstruirla cuando los ánimos caminan más bien cabizbajos.


 Así que procuraré callar si nadie solicita mi opinión y jamás diré o daré consejos que nunca me pidió.

miércoles, 20 de julio de 2022

El guerrero que habita en mi...

 


Siempre me he visualizado como un guerrero. Pudiera ser que en otras vidas lo haya sido, un caballero guerrero, quién sabe..... Por supuesto, quede claro que es tan solo una hipótesis totalmente desamparada, mas sin embargo en muchos momentos de mí vida en que razonablemente, y ante los guiños que en ella suele acontecer pareciera cómo que si algún tipo de fundamento lo avalara.

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Sabido es que el corazón del guerrero alberga un mar de helada indiferencia ante las dificultades de la vida, un subterráneo desamor ante las ausencias y "frialdad" que se obligado a soportar, que por supuesto no es igual que el frío físico, más sin embargo, el reguero encendido por su sangre cuando cruza las noches y los días combatiendo incansablemente, más que pérdidas en la contienda se convierte en un trofeo bien preciado 


El corazón del guerrero es la implacable demolición de cualquier fracaso. 


Porque, nos guste o no, si nos ponemos a analizar, eso es la vida, una lucha constante e inacabable.


Para un guerrero vivir no es abundar en terciopelos y acariciar las dulzuras decadentes que día a día nos sortea los trileros que nos encontramos en el camino. 


Para un guerrero vivir es estrellarse con la nada, descubrirla de pronto, dolerse en su combate. Y seguir, ajeno e indiferente, convencido de que al fin y al cabo es inútil luchar contra las sombras del pasado, convencido de que los espejismos no son el enemigo a batir.


El sueño del guerrero o mejor dicho de este guerrero que habita en mi, desde siempre, y conste que es mi muy particular apreciación, se podría resumir en su alto sacrificio para un dia que al hielo del alma le lleguen el sol y los cultivos, los parterres bordados por las flores, las hojas moribundas de un lentísimo otoño, para acabar engalanando mis días por vivir.


Y es que, en mi reposo de guerrero, sentado en mi albo porche con vistas a las montañas susurraré al oído de la noche con una voz inveterada pero valerosa, y el eco de ese bisbiseo seguramente lo trasladaré a mi acostumbrado lienzo de palabras dónde desemboca todos mis reflexiones y pensamientos.....

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domingo, 3 de julio de 2022

 Maitinada...


Algunos viernes o sábados me quedo a dormir en la cabaña que casi he terminado de construir para que me rinda el tiempo en las labores del huerto. A falta de  algunos retoques que parecieran no tener nunca fin, la voy poco a poco acomodando para que así los días de estancia en ella sean placenteros, apacibles y llenos del grandor de una imperturbabilidad deseada. 


Al amanecer miro a través de las cristaleras durante un buen rato; el día será largo y yo necesito aprovisionarme de esa belleza que circunda todo mi alrededor.


La luz de los primeros rayos de la mañana de este  extraño verano, impropio e inadecuado, va cubriendo de magia y ensueño mientras los verdes y amarillos compiten entre sí para exhibir lo mejor de sí mismos muy a pesar que el infame otoño haya invadido la estación veraniega de forma miserable y se crea que ya tiene ganada la partida. 


El silencio y la quietud de los campos y cercados cubiertos de escarcha a primera hora de la mañana acarician la luz de mis ojos mientras el sol juguetea con las hojas de los árboles que se mecen al compás de esta maitinada y brillen como esas escamas que adornan la superficie del mar cuando los rayos matinales juguetean en el agua. 


Los páramos  de la montaña Cobezo que tímidamente se unen en ese eterno e idílico abrazo con el barrio de Camaretas   se ondulan con suavidad y elegancia ignorando los vientos gélidos que ya corretean por sus airosas cumbres.


Siento que el destino ha decidido de improviso brindarme de esa recompensa que me merecía tras años de infames luchas, en las que me he pegado con todos y contra todo, pese a que me dijeran que no buscaba sino quimeras y que los sueños eran sólo momentos de evasión en los que uno se refugiaba cuando la realidad nos golpea con saña, cuando ya no se soporta más el dolor. 


Aun así, persistí en esta batalla mía, en crear un espacio o un lugar en el que pudiera aguarecerme de las lluvias tóxicas de este cada vez más loco mundo, crear un huequecito en este despótico y controvertido planeta que rueda y que por momentos se tambalea.


Todo lo tenía en contra cuando comencé en el huerto; Pese a las advertencias de profetas, quienes creen saber un poco de esto, salté al ruedo con valentía ;  A pesar de los vaticinios de los mal agoreros, el camino se me ensanchó y hasta el terreno parecíera más liso, más suave; fui olvidando aquellas advertencias e instalándome en una estancia más holgada, más amable en la que desde el principio siempre he creído muy firmemente.


En las noches en las que me he quedado a dormir ni un ruido ha perturbado mi reposo, sólo el rumor de las hojas y algún trino aislado. Y la verdad es que echaba de menos este silencio en el que los pensamientos se libran de estrecheces y abrazan cuanto hallan a su paso. Extrañaba el sosiego y la amplitud de los campos, cuyo fin jamás se atisba. Así, es fácil sentir la infinitud en la que uno habita esa eternidad que existe desde siempre y en la que moro y moraré, aún cuando cambien los ropajes y decorados; esa perennidad en la que sólo uno es lo que es, pese a ignorarlo. 


Espero, según transcurran los años, ir envolviéndome muchísimo más de esta paz y cachaza, de amor a la naturaleza, esposa Gladys, hijos, nietos y a mi mismo, a lo que soy, a lo que poseo. Entretanto, seguiré transitando por esos caminos dorados que, al atardecer, retienen el resplandor del día.


      ( Eulogio Vega, Julio, 2022)



miércoles, 18 de mayo de 2022

Inusitada cesura..



Me gusta escribir en la comodidad del silencio de la noche. Ese apacible ratito que me permite regresar a mis adentros , a poner orden en las estanterías del armario emocional sensitivo y anímico. Para mí es una adicción que puede llegar a superar a cualquier otra con inusitada holgura, esa que siempre ha frecuentado y movido mi alma desde niño.


Debido a que en las últimas semanas, las tierras y mi trabajo diario me han tenido mudo de palabras escritas y simplemente me he dedicado a contemplar mis adentros sin más. 


No es habitual, pero me ha gustado este tiempito de no contar nada, el regreso a la intimidad que desnudo en la noche o sentado en el reciente y concluido porche de mí cabañita campestre sin mas. 


Me sorprendo a mi mismo soportando con estoicismo la caída en picado de lectores de los blog en los que suelo desangrar las venas de mi inspiración y mis pensamientos.


 Debo reconocer que por momentos disfruto ese retorno a mí mismo, a la seguridad de mi pensamiento cuando no se siente uno forzado a encajar palabras aquí o allá, buscando el acomodo a los sinónimos o antónimos.


Así que, con el permiso de los (o las) que de vez en cuando se pasean por mis modestos y humildes blogs a ver en que ando les adelanto que en estos días, quedo un poco escaso de mi habitual palabra escrita, le he concedido vacaciones a la inseparable app "OneNote" de mi móvil dónde trato de plasmar en bruto mis escritos para en la noche flequillarlos, maquillarlos para después aparcarlos definitivamente en mi blog.


 Y créanme desde aquí, tomo una perspectiva poco frecuente en mi, pero se ve todo tan bonito que quizás me anime ha hacerlo más a menudo....

domingo, 1 de mayo de 2022

Guerrero hasta el final..

 Mi esperanza se aloja en ese porvenir muy bien provisto de muchísimos  quebraderos de cabeza, y sobretodo atestada de muchísimas horas de fructífero trabajo; para mí la dicha equivale a esa labor realizada con mis propias manos, a batirme el cobre para combatir el día a día, también, aunque cada vez menos, prefiero ir diseñando nuevas metas para poco a poco alcanzar aquellas que por cansancio o restricciones  he ido abandonando en el reciente sendero de los dos últimos años por las circunstancias acaecidas que a veces prefiero ya ni mencionar, los noticieros se encargan de bombardearnos  todos los días.


Debido a los años y mis condiciones físicas mi camino se vuelve cada vez más estrecho y farragoso. Pero las dificultades no podrán conmigo, jamás encogeran mis miras, no han de hacerlo, como tampoco me harán perder mi cordura.


Tengo que preservar el juicio como a las niñas de mis ojos; sólo así  alcanzaré dichas postpuestas por los atrasos que a veces me impone el guión de mi sexagenaria vida.


Pasé muchos años postergando lo inevitable, viviendo a merced de demasiados asuntos que no me competían, guerreando y defendiendo batallas que no eran las mías por temor a que suceda esto o lo otro.


Y es que los funestos miedos frenan a veces más de lo que imaginamos. Hoy día habiéndome convertido ya en un sacralizado "veterano de guerra" he comprendido que hay que maniobrar con holgura, sin concebir errores o fracasos, que son los verdaderos oponentes; a su lado, los supuestos enemigos carecen por completo de calado, de fuero interno o de las ballestas melladas como las que cargo en mi pesada mochila tras las tantas batallas en las que he guerreado, he caído y he renacido de entre las cenizas como el ave fénix.


Es por ello que me reclamo de valentía, pues de ese arrojo me surgirán nuevas esperanzas y uno, de forma inevitable se pondrá en movimiento y dejará de postponer lo impostergable, lo que sin remedio está a la vuelta de la esquina esperándonos, esa vejez a la que con algo de suerte llegaremos, con mucho aplomo, denuedo, temple y gallardía.


No albergo, sin embargo, arrepentimientos porque lo vivido es lo vivido y son lecciones que no aprenderás en ninguna universidad por prestigiosa que sea, todo tiene su tiempo y la mirada ha de estar muy atenta para vislumbrar de lejos las metas y afiliarse de lleno a la batalla que en este momento acontece; nuestros objetivos los labramos tras el día a día, momento a momento.


....Si no, el porvenir estará baldío sin estos pequeños momentos, sin ese vivir cada modesto instante....

miércoles, 13 de abril de 2022

De compasión

 La compasión sin rectitud es un peligro. Se convierte a veces en espacio en el que nos sentimos ahogados, silentes o heridos, y en consecuencia, muchas ocasiones mal parados. 


Hay que saber decir “no” cuando algo es claramente “no”, sin rodeos, y por mucho que al corazón nos duela por ser muy allegados a uno como es el caso que inspira está entrada en mi blog. 


Tenemos que aprender a decir "no" por encima del juicio que nuestra decisión provoque en nuestra compasión hacia los demás. De lo contrario la compasión puede ser un arma mortal, la herramienta eficaz por la que seremos pasto en las llamas de la manipulación. 



La compasión que no sabe a dónde va puede llegar a convertirse en egoísmo en la otra persona. Tenemos que hacer ver sencillamente a esa persona, y sobre todo a nosotros mismos, que si bien el corazón puede ser enorme, no cabe la manipulación que recibimos como respuesta. 



Esa compasión no nos puede convertir en reo de nuestras propias convicciones, aún siendo portador de promesas, reconocer el contenido de la misma y afrontarlo, dignifica, pero no podemos sucumbir ante la manipulación malversada a la que le importa muy poco nuestro juicio y nuestra conmiseración.


 Nuestra alma debe sentirse libre, y bajo el paraguas de esa libertad decidirse rotundamente, y cuando es no, es no, por mucho que duela. O sí, si fuera el caso. Pero siempre debe ser un recodo en el que descanse nuestra libertad. La propia. Sin otra interpretación que importe. No es fácil la compasión en libertad, y sin embargo, estamos obligados a ella. Más que nada porque lo que necesitamos es llegar a nuestro lugar, a nuestro exacto lugar. El nuestro sin influencias de ningún tipo.


Y yo definitivamente quiero llegar, ahí mismo, al que es mi exacto lugar. Al lugar que yo exactamente soy, aunque me tiemble el pulso...aunque duela. Y a él me acerco...

Un trocito de otoño...

 Un trocito de otoño... Después que el sofocante calor durante las últimas semanas me haya sorprendido con el comienzo de estos frescos con ...