domingo, 27 de marzo de 2022

Alcanzar la felicidad

 Alcanzar la felicidad..


 Sin apenas darme cuenta me he vuelto un adicto a la tranquilidad, a la libertad, a la paz y a la soledad, a no tener que dar explicaciones a nadie más que a mi esposa, a ser feliz, con ella. 


Me volví adicto a regalarme el tiempo y espacio que siempre deseé para mi mismo, a no mendigar atención y cariño, a no regalar a cualquiera la oportunidad de entrar a mi mundo, a mi mente o a mi corazón.


Me volví adicto a disfrutar de esos días de lluvia y de sol. Disfrutar de mi brillar con luz propia y a valerme por mí mismo hasta que mis fuerzas respondan, y mi mente o razocinio les acompañen también.


Porque después de mi recorrido a través del tiempo, años, meses, días, minutos y segundos por esta vida he descubierto que no hay que preocuparse por buscar la felicidad, de no pararte a inventar fórmulas perfectas que en la mayoría de ocasiones nos conducen a espejismos que  van en sentido totalmente contrario al que verdaderamente nos conviene. 


La felicidad nos encuentra a nosotros y se queda todo el tiempo que le permitamos estar, hasta que nosotros mismos la alejemos para volver buscarla sin éxito y entonces, nuevamente sin darnos cuenta ella nos vuelva a encuentrar a nosotros, sin prisas, sin fórmulas que imaginamos perfectas.



Porque aquello que sentimos es algo totalmente diferente a las interpretaciones que le damos; todo queda en nosotros y no sacamos nada con explicarlo y contarlo. Hay que ser observación, analítica y acción a la vez, si lo separamos no entenderemos a ninguna de las partes, sólo se entenderán ellas mismas.

domingo, 20 de marzo de 2022

Ansias y anhelos....

Últimamente vuela el tiempo con tanta rapidez en mi vida que apenas logro palpar los días y miren que soy yo muy de minutos. Si, de convertir cada instante en un acontecimiento para disfrute de lo más extraordinario, porque en esa holganza encuentro también provecho. 


De hecho, creo que no hay tiempo más fructífero a estas alturas de mi sexagenaria vida ya, que el destinado a la vida y su contemplación como ese destilar de la lluvia observada desde el porche de mi cabaña, también el observar cómo se agita las ramas floridas de los almendros en flor o, esas ventoleras locas que regalan estos meses también locos en los que tan pronto llueven arenas desérticas en forma de calima como aguas torrenciales con ilógica puntualidad.


 

Recuerdo yo que en mis años de juventud y hasta hace escasamente muy poco no me gustaba el campo, no al menos con ese entusiasmo y vehemencia que hoy día le profeso. En cambio, en este tiempo y a mis años, me encanta el vivir en este aislamiento absoluto en medio de nadas que me llenan de todo y que ahora contemplo encandilado de tapizados de verdes y ansiados anhelos que guardo los confines más profundos de mi alma y corazón. 


Vivir inmerso en medio de la naturaleza y justamente en mi pequeña cabaña que se encuentra a unos meses de su conclusión, lo considero un gran privilegio y un  regalo generoso que esta vida me ha proporcionado. 


Con una pequeña dosis de imaginación, desde ya, me puedo visualizar sumido en un planeado mundo de paseos, lecturas y escritos junto a mi esposa a la sombra de una completa tranquilidad apenas interrumpida por la siempre deseada visita de hijos y nietos. 


Estar a solas con el silencio es algo que me nutre, acera mis sentidos y la percepción de la realidad, y en especial de lo bonito y agradable.


No habrá por tanto detalle, por insignificante que le pudiera parecer al resto de los mortales, que no destile belleza y entre hermosuras, a veces muy banales e insignificante, como lo es un simple asadero familiar de carnes a la brasa desperdigadas por una barbacoa repleta de cariño y que de alguna manera transcurran las benditas horas junto a la gente que quiero y nada o casi nada precisa mi corazón con más anhelo.


Presiento será una vida espiritualmente tan abundante que esa contemplación consumirá  buena parte de mi tiempo de vejez y a veces provocará en mi tremendos éxtasis de regocijos.


Tanta maravilla llenará en mi, estoy seguro, un sosiego que en el resto del mundo me resultaría difícil de encontrar.


Por eso sé que algún día volveré a vivir definitivamente a mi barrio de La Lechuza, será algo así como " un merecido y reflexionado reposo del guerrero "... Si..., me impregnaré de una vida sustanciosa que en las grandes aglomeraciones o lugares más poblados de esta isla o del mundo no hallo y que la mayoría de las ocasiones me llegan a  resultar ya muy anodinas e insípidas. Llegado el momento será ese bendito instante que me impregnaré de cómo las estaciones irán cada día sembrando su huella, engalanando los parajes con hermosura y dicha, dotando al vivir de una enjundia, que aún acicaladas, muy contrarias a esas aglomeraciones que me resultan insulsas, ruidosas y pestilentes.

Un trocito de otoño...

 Un trocito de otoño... Después que el sofocante calor durante las últimas semanas me haya sorprendido con el comienzo de estos frescos con ...