Mi esperanza se aloja en ese porvenir muy bien provisto de muchísimos quebraderos de cabeza, y sobretodo atestada de muchísimas horas de fructífero trabajo; para mí la dicha equivale a esa labor realizada con mis propias manos, a batirme el cobre para combatir el día a día, también, aunque cada vez menos, prefiero ir diseñando nuevas metas para poco a poco alcanzar aquellas que por cansancio o restricciones he ido abandonando en el reciente sendero de los dos últimos años por las circunstancias acaecidas que a veces prefiero ya ni mencionar, los noticieros se encargan de bombardearnos todos los días.
Debido a los años y mis condiciones físicas mi camino se vuelve cada vez más estrecho y farragoso. Pero las dificultades no podrán conmigo, jamás encogeran mis miras, no han de hacerlo, como tampoco me harán perder mi cordura.
Tengo que preservar el juicio como a las niñas de mis ojos; sólo así alcanzaré dichas postpuestas por los atrasos que a veces me impone el guión de mi sexagenaria vida.
Pasé muchos años postergando lo inevitable, viviendo a merced de demasiados asuntos que no me competían, guerreando y defendiendo batallas que no eran las mías por temor a que suceda esto o lo otro.
Y es que los funestos miedos frenan a veces más de lo que imaginamos. Hoy día habiéndome convertido ya en un sacralizado "veterano de guerra" he comprendido que hay que maniobrar con holgura, sin concebir errores o fracasos, que son los verdaderos oponentes; a su lado, los supuestos enemigos carecen por completo de calado, de fuero interno o de las ballestas melladas como las que cargo en mi pesada mochila tras las tantas batallas en las que he guerreado, he caído y he renacido de entre las cenizas como el ave fénix.
Es por ello que me reclamo de valentía, pues de ese arrojo me surgirán nuevas esperanzas y uno, de forma inevitable se pondrá en movimiento y dejará de postponer lo impostergable, lo que sin remedio está a la vuelta de la esquina esperándonos, esa vejez a la que con algo de suerte llegaremos, con mucho aplomo, denuedo, temple y gallardía.
No albergo, sin embargo, arrepentimientos porque lo vivido es lo vivido y son lecciones que no aprenderás en ninguna universidad por prestigiosa que sea, todo tiene su tiempo y la mirada ha de estar muy atenta para vislumbrar de lejos las metas y afiliarse de lleno a la batalla que en este momento acontece; nuestros objetivos los labramos tras el día a día, momento a momento.
....Si no, el porvenir estará baldío sin estos pequeños momentos, sin ese vivir cada modesto instante....
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