Me gusta escribir en la comodidad del silencio de la noche. Ese apacible ratito que me permite regresar a mis adentros , a poner orden en las estanterías del armario emocional sensitivo y anímico. Para mí es una adicción que puede llegar a superar a cualquier otra con inusitada holgura, esa que siempre ha frecuentado y movido mi alma desde niño.
Debido a que en las últimas semanas, las tierras y mi trabajo diario me han tenido mudo de palabras escritas y simplemente me he dedicado a contemplar mis adentros sin más.
No es habitual, pero me ha gustado este tiempito de no contar nada, el regreso a la intimidad que desnudo en la noche o sentado en el reciente y concluido porche de mí cabañita campestre sin mas.
Me sorprendo a mi mismo soportando con estoicismo la caída en picado de lectores de los blog en los que suelo desangrar las venas de mi inspiración y mis pensamientos.
Debo reconocer que por momentos disfruto ese retorno a mí mismo, a la seguridad de mi pensamiento cuando no se siente uno forzado a encajar palabras aquí o allá, buscando el acomodo a los sinónimos o antónimos.
Así que, con el permiso de los (o las) que de vez en cuando se pasean por mis modestos y humildes blogs a ver en que ando les adelanto que en estos días, quedo un poco escaso de mi habitual palabra escrita, le he concedido vacaciones a la inseparable app "OneNote" de mi móvil dónde trato de plasmar en bruto mis escritos para en la noche flequillarlos, maquillarlos para después aparcarlos definitivamente en mi blog.
Y créanme desde aquí, tomo una perspectiva poco frecuente en mi, pero se ve todo tan bonito que quizás me anime ha hacerlo más a menudo....