Alcanzar la felicidad..
Sin apenas darme cuenta me he vuelto un adicto a la tranquilidad, a la libertad, a la paz y a la soledad, a no tener que dar explicaciones a nadie más que a mi esposa, a ser feliz, con ella.
Me volví adicto a regalarme el tiempo y espacio que siempre deseé para mi mismo, a no mendigar atención y cariño, a no regalar a cualquiera la oportunidad de entrar a mi mundo, a mi mente o a mi corazón.
Me volví adicto a disfrutar de esos días de lluvia y de sol. Disfrutar de mi brillar con luz propia y a valerme por mí mismo hasta que mis fuerzas respondan, y mi mente o razocinio les acompañen también.
Porque después de mi recorrido a través del tiempo, años, meses, días, minutos y segundos por esta vida he descubierto que no hay que preocuparse por buscar la felicidad, de no pararte a inventar fórmulas perfectas que en la mayoría de ocasiones nos conducen a espejismos que van en sentido totalmente contrario al que verdaderamente nos conviene.
La felicidad nos encuentra a nosotros y se queda todo el tiempo que le permitamos estar, hasta que nosotros mismos la alejemos para volver buscarla sin éxito y entonces, nuevamente sin darnos cuenta ella nos vuelva a encuentrar a nosotros, sin prisas, sin fórmulas que imaginamos perfectas.
Porque aquello que sentimos es algo totalmente diferente a las interpretaciones que le damos; todo queda en nosotros y no sacamos nada con explicarlo y contarlo. Hay que ser observación, analítica y acción a la vez, si lo separamos no entenderemos a ninguna de las partes, sólo se entenderán ellas mismas.
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