sábado, 2 de abril de 2022

Pláceme para ti


No ha de ser casualidad que el día de tu cumpleaños hayas conseguido un puesto de trabajo en el lugar donde exactamente naciste.

Si, recuerdo aquel 2 de Abril del 84, lo siento tan, tan cerca como la alegría que desde aquel mágico día impregnó mi alma. Quizás desde tres años atrás desde que llegaste a este mundo, que nació Marcos no he dejado de aprender, de escribir borradores y volverlos a romper en mil pedazos, de empezar desde cero cada vez que la vida me ponía frente a un nuevo desafío, y fueron muchos. Por cierto, costumbre de la susodicha, no ha perdido hasta el día de hoy.

Nunca nadie me advirtió de la dificultad de ser padre a los veinte años, ni por supuesto tampoco absolutamente nadie me regaló un manual de instrucciones. Tuve que ir equivocándome una tras otra vez.

Nunca fui, y ahora tampoco, de los que entienden la paternidad en una especie de mística que termina convirtiéndonos automáticamente en hombres igualitarios, ni mucho menos he pensado que sin ella la vida carezca de felicidad posible. Por el contrario, con los años he descubierto que es una pieza más de un gran engranaje mucho más complejo en el que es posible ir proyectándonos hacia fuera de forma desapercibida con bajo perfil y creciendo por dentro sin llamar la atención, pero ni es la más decisiva ni mucho menos la única. 

Creo que todo forma parte de un proyecto vital en el que el gran reto está en conseguir una suficiente armonía entre lo que piensas y lo que haces, entre lo que sueñas y lo que construyes, entre el mundo que te gustaría habitar ilusoriamente y aquel con el que tienes que lidiar en el dia
a día.

Tu actitud reconciliante el día que se fue abuela, justo cuando estaba más perdido, ha sido la lección más grande que me podían dar, la que mejor ha sustituido el manual de instrucciones que nunca tuve, la que me ha reconciliado con un papel de padre con el que siempre tengo la sensación de estar bordeando el suspenso.

Escribo para darte las gracias por todo lo que cada día me haces sentir. Sin que a veces seas consciente de lo mucho que me importa cualquier palabra tuya, cualquier gesto, cada silencio y hasta cada emoticono que me envías por el whatsapp. 

Siempre he asumido  que necesitas tu espacio y que mi mejor papel es respetarlo, empiezo a contemplarte como un ser que ya alzado el vuelo pero que siempre vuelve a la roca que espero seguir siendo, y que a pesar de los años continúa transmitiendo la misma paz y la misma alegría que cuando tal día como hoy nos juntábamos toda la familia alrededor de tu tarta de cumpleaños.

Hoy, en este sábado, deberíamos celebrar que tu concepto de familia se ha agrandado, que por esas jugadas del destino que solo el corazón entiende se ha ampliado tu círculo de afectos y que, gracias a una madre y a un padre que procuran cada día ser fieles a sí mismos cada uno por su lado, tienes la gran fortuna de crecer con la mente sabia de quien ha dejado atrás prejuicios egoístas y dogmas que generan infelicidad.

Te quiero muchísimo, feliz cumpleaños hija mía.....

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